En la verdulería Happy Apple, del pueblito de Totnes, en el oeste de Inglaterra, los pastelitos de verdura ostentan orgullosamente la etiqueta de no-GM (no genéticamente modificado). Lo mismo ocurre con la tarta de papa y con una serie de productos en las góndolas del negocio.
Con una superficie actual de explotación de 1,2 hectáreas, que será ampliada, el establecimiento de cría de caracoles que Mauricio Donemberg, Amadeo Sabattini y Jorge Ossés tienen en cercanías de Río Segundo es una de las pocas –sino la única– experiencia de helicicultura extensiva en toda la provincia de Córdoba.
En la Cancillería descubrieron que para exportar más hace falta diversificar mercados. Y bajo esa clave diseñaron la nueva política comercial que aplican desde hace un año, y que básica mente consiste en negociar simultáneamente en varios frentes y escenarios, lo que ha permitido la apertura de mercados que podrían significar un repunte de las exportaciones. Lo calculan en 2.500 millones de dólares anuales, cerca de un 10% más que las ventas externas actuales.
Las empresas están en un contexto ideal para desarrollar y expandir las exportaciones. Sin embargo, una de las incógnitas sobre el escenario futuro es si los negocios de exportación se aprovecharán sólo en el corto plazo. O, si por el contrario, nos encontramos en un punto de inflexión, que obligará a realizar un cambio en el paradigma imperante, en cuanto al rol de las exportaciones en el crecimiento del negocio.
Javier González Fraga considera que tenemos la mejor oportunidad en treinta años para convertirnos en una potencia exportadora. "No todas las exportaciones son iguales. Exportar dulce de leche, por ejemplo, implica cinco veces más empleos que exportar leche en polvo", explica muy empapado con su papel de presidente de La Salamandra, una fábrica de lácteos de alta calidad.